las neuronas que dieron forma a la civilizacion

Este post intenta difundir los conocimientos de un gran neurocientífico. Al final hay un video completo de quien les hablo, cortesía de TED, de una de sus charlas. Espero disfruten del video y el post, o al menos una de las dos cosas.

V.S. Ramachandran es un neurocientífico de renombre mundial. Hace muy poco los seguidores de TED tuvimos la oportunidad de escucharlo por segunda o tercera vez en los últimos años. Link a la charla completa en TED.

El tema de su presentación fue el cerebro humano, órgano que investiga hace ya muchos años en la Universidad de Colorado. Su charla comienza con la siguiente petición (hablando del cerebro humano):

Piensen en este problema durante un segundo. Aquí tenemos un trozo de carne, de alrededor de un kilo y medio, que se puede sostener en la palma de la mano. Pero puede abarcar la inmensidad del espacio interestelar. Puede abarcar el significado del infinito, cuestionar el significado de su propia existencia, o el de la naturaleza de Dios.”

Es lo más asombroso del mundo y sin lugar a dudas es el mayor misterio al que se enfrentan los seres humanos. Por unos minutos V.S. Ramachandran nos explica cómo está constituido el cerebro humano. Obviamente todos sabemos que el cerebro está constituido por neuronas, pero, ¿cuántas? A lo que continúa diciendo:

Existen 100 mil millones de neuronas en el cerebro humano adulto. Y cada una establece entre 1.000 y 10.000 conexiones con otras neuronas del cerebro.”

Y, basándose en esto, nos comenta el cálculo de permutaciones y combinaciones realizado por su grupo de investigadores sobre la actividad cerebral: el número resultante excede el número de partículas elementales del universo. ¡Wow!

Ramachandran cuenta cómo aborda el estudio del cerebro. El enfoque general de su trabajo consta en observar a pacientes con lesiones en diferentes partes del órgano, y en estudiar los cambios en su conducta.

Ahí termina el Remachandran conocido y pasa a contarnos y compartir con nosotros un enfoque diferente que consiste en poner electrodos en diferentes partes del cerebro, y grabar la actividad de las diferentes células nerviosas.

Algo así como escuchar a escondidas la actividad de las células nerviosas del cerebro”, dice.

Nos adentra en el mundo de las Neuronas Espejo, compartiendo con nosotros el reciente descubrimiento realizado por investigadores italianos (Giacomo Rizzolatti y sus colegas), y contándonos que este grupo de neuronas se encuentra en la parte anterior del cerebro, en los lóbulos frontales. Además nos recuerda que en la parte anterior del cerebro se encuentran también las neuronas motoras, conocidas desde hace más de 50 años, que son las que se activan cuando una persona realiza una acción.

Este archivo se encuentra bajo la licencia de Creative Commons (Reconocimiento-Compartir) bajo licencia 2.1, Japón.

Por ejemplo, si agarro una manzana, se activará una neurona motora en la parte anterior de mi cerebro. Si alargo la mano y agarro un objeto, se activará otra neurona, ordenándome que lo agarre.” Ramachandran

Pero lo que Rizzolatti encontró fue que un subconjunto de estas neuronas, tal vez un 20% de ellas, también se activará cuando miremos a alguien que esté realizando la misma acción. Es decir: tenemos una neurona que se activa cuando agarramos algo, pero también se activa cuando vemos a Fulanito o a Menganito agarrando algo. Esto es sin lugar a dudas asombroso.

Es como si esta neurona estuviera adoptando el punto de vista de la otra persona. Es casi como si realizara una simulación de realidad virtual de la acción de la otra persona.” Ramachandran

Entonces, ¿cuál es la relevancia de estas neuronas espejo? Como mínimo deben estar involucradas en la imitación y la emulación. Y las posibilidades son infinitas. Como comento en el post ¿Somos o no seres empáticos?: somos seres Homo-empáticos (Jeremy Rifkin) y esta meta-cognición de Ramachandran fortalece y fundamenta esa gran verdad. Son asombrosas las aplicaciones en la Innovación, en la mentoría y en todas las áreas del aprendizaje.

Imitar un acto complejo requiere que nuestros cerebros adopten el punto de vista de la otra persona, de fundamental importancia en la imitación y la emulación.” Ramachandran

Pero Ramachandran no nos deja sin respuesta; sigue guiándonos en el mundo de las neuronas espejo y nos ayuda a contestar las siguientes preguntas:

¿Cómo se realiza la imitación? ¿Por qué es importante? ¿Qué debemos saber de las neuronas espejo, la imitación o la emulación?

En el paseo imaginario guiado nos pide que observemos la cultura y la evolución humana, retrocediendo en el tiempo entre 75.000 y 100.000 años. Nos cuenta (recuerda) que algo muy importante ocurrió hace unos 75.000 años: la repentina aparición y la rápida extensión de una serie de destrezas que son propias de los seres humanos. Da algunos ejemplos, como el uso de herramientas, del fuego, de refugios y, por supuesto, del lenguaje, y la capacidad de leer lo que alguien está pensando e interpretar la conducta de esa persona.

Nos hace notar que a pesar de que el cerebro humano alcanzó su tamaño actual hace ya casi 300 o 400 mil años, recién hace unos 100.000 aparecieron y se expandieron dichas destrezas.

En la charla Ramachandran defiende la siguiente hipótesis:

Lo que ocurrió fue la aparición repentina de un sistema sofisticado de neuronas espejo, que permitió emular e imitar las acciones de otras personas. De forma que cuando un miembro del grupo descubría algo accidentalmente, digamos el uso del fuego o un tipo concreto de herramienta, en lugar de desaparecer gradualmente, se extendió rápidamente, horizontalmente, por la población, o fue transmitido verticalmente a través de las generaciones.” Ramachandran

Nos hace notar que de repente la teoría de Jean-Baptiste Lamarck de la evolución pasa a ser más relevante que la teoría de la evolución darwineana, que es lenta y tarda cientos de miles de años. Sigue guiándonos con simples pero ilustrativos ejemplos:

Un oso polar tardará miles de generaciones (tal vez 100.000 años) para desarrollar el pelaje. Sin embargo, un ser humano, un niño, puede ver que sus padres matan un oso polar, lo despellejan y colocan la piel sobre su cuerpo, y lo aprende en un solo paso. Lo que el oso polar tardó 100.000 años en aprender, él lo aprende en 5 minutos, tal vez en 10. Y una vez que lo aprende esto se extiende en proporciones geométricas dentro de una población. Ésta es la base. La imitación de destrezas complejas es lo que llamamos cultura y es la base de la civilización.”

Personalmente a esa altura de la Charla de Ted ya estaba con la boca abierta, sin palabras y con mucho para pensar.  Pero me faltaba el contacto directo con la empatía. Ahí es cuando Ramachandran dice:

Como existen neuronas espejo para la acción, hay otras para el tacto. Dicho de otro modo, si alguien me acaricia, mi mano, una neurona en el córtex somato sensorial, en la región sensorial del cerebro, se activa. Pero la misma neurona, en algunos casos, se activará cuando simplemente vea que acarician a otra persona.”

Empatizo al ver que acarician a otra persona.

La mayoría de ellas se activarán cuando me acaricien en diferentes zonas. Diferentes neuronas para diferentes zonas. Pero un subconjunto de ellas se activará incluso cuando vea que acarician a alguien en la misma zona.”

La pregunta que surge es la siguiente: si simplemente vemos que acarician a otra persona, ¿por qué no nos confundimos y literalmente sentimos que nosotros somos los acariciados? Es decir, empatizamos con esa persona pero no sentimos la caricia literalmente. La respuesta de Ramachandran es muy filosófica y profunda, y científicamente probada:

Tenemos receptores en la piel, receptores del dolor y del tacto, entrando de nuevo en nuestro cerebro y diciendo: “No te preocupes, no te están acariciando. Así que empatiza, en cualquier caso, con la otra persona, pero no experimentes la caricia de verdad o de lo contrario te confundirás y te harás un lío.””

Entonces Ramachandran explica qué es lo que nos pasa: hay una señal de retroalimentación que veda la señal de la neurona espejo, evitando que experimentemos conscientemente esa caricia. Sin embargo, podemos simular condiciones “óptimas”, como el no tener el brazo (leer Phantom para entender el vínculo), simplemente anestesiándolo, durmiéndonos el plexo braquial, para que el brazo quede insensible. Y si en ese momento viéramos a alguien que le acarician, literalmente lo sentiríamos en el brazo.

Dicho de otro modo: la frontera entre cada uno de nosotros y otros seres humanos se ha disuelto. Yo las llamo las “neuronas Gandhi“, o “neuronas de la empatía”. Y no lo digo en un sentido metafórico y abstracto: lo único que les separa de la otra persona es su piel. Quítense la piel y experimentarán la caricia de esa persona en su mente. Han disuelto la frontera entre ustedes y otros seres humanos. Ésta, por supuesto, es la base de gran parte de la filosofía oriental: no existe realmente un yo independiente, ajeno a otros seres humanos, examinando el mundo, examinando a las otras personas. De hecho, están conectados no solo a través de Facebook e internet, en realidad están literalmente conectados a través de sus neuronas. Y existen cadenas completas de neuronas en esta habitación, hablándose. Y no existe distinción real entre su consciencia y la consciencia de otra persona.”

Es asombroso como un paciente con un miembro “fantasma” (Phantom, “brazo”) siente en su “brazo” una caricia al observar que otra persona la recibe. Más asombros aún es que, si siente dolor en su miembro fantasma va a apretar la mano de otra persona y a masajearla, aliviando así el dolor de su “brazo” fantasma.

Casi como si la neurona obtuviera alivio por el simple hecho de ver que están masajeando a alguien.” Ramachandran

Y para terminar y repensar todas nuestras conexiones y fijaciones mentales respecto a las ciencias por un lado y las humanidades por otro, sostiene que el sistema de neuronas espejo contiene la interfaz que nos permitirá repensar cuestiones como la consciencia, la representación del YO, lo que nos separa de otros seres humanos.

Gracias Vilayanur S. “Rama” Ramachandran, por ayudarnos a entender científicamente qué es lo que nos permite empatizar con otros seres humanos.

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