El baile del mono periodista

Soy Comunicador Social y periodista, y desde que me gradué, siempre he sabido que estudié la carrera del futuro…Sí, del futuro desempleado.
Siempre me he inclinado por la rama de la redacción, y cuando empecé a buscar trabajo hace más de dos años, la cosa fue dura: Luego de 5 meses de sequía laboral, por fin pude ocupar un cargo como escritor de economía, con un sueldo de 600 mil pesos mensuales. Es decir, me ganaba lo mismo que una persona sin estudios profesionales.

Con intensas jornadas que podían durar hasta 14 horas, fines de semana plantado en la oficina, indignaciones provenientes de un jefe no directo, que caminaba como pingüino, más las presiones propias del cargo… me sentía frustrado.

Sin embargo, mi caso no debe ser considerado tan grave. Conozco muchos colegas quienes luego de varios años de haber terminado la universidad, aun no han conseguido su primer trabajo. Algunos sólo han obtenido empleos de baja calidad, y otros se sienten estancados profesionalmente.
A ellos, y a todos los profesionales que cayeron junto conmigo en la trampa del sistema educativo nacional, los invito a disfrutar este merengue pachanguero.

La sensación del momento, el paso del mono, ¡Macho!

  Antes de lanzarnos al mercado laboral, a casi todos los comunicadores nos dan un golpe bajo: ¡Las prácticas no son remuneradas! y si algo, nos dan el famoso subsidio de transporte. Como si un practicante no estuviera contribuyendo a la rentabilidad empresarial.
¡Pero tranquilicémonos!  aquí lo irónico apenas comienza.
‘Importantes empresas’ buscan periodistas juniors con experiencia mínima de 5 años. Desean perfiles con énfasis en servicio al cliente, relaciones públicas, diseño gráfico, mercadeo, producción audiovisual, medios en línea; con capacidad investigativa, fluidez verbal, excelente redacción, impecable ortografía, dominio del inglés, especializaciones, y maestrías. Nada más.
En ocasiones, dicen las vacantes: Ojo, sólo se aceptan mujeres.  Imagino que será porque  la empresa está dirigida por hombres blancos, heterosexuales, mayores de 35 años.

Y ahora, el paso de la mona sensual… ¡ay!

Impulsarse en nuestra área profesional, requiere hacer uso de la insignia nacional por excelencia: La palanca. Gracias a este fantástico comodín, muchos hemos conseguido nuestro primer empleo. Y el segundo, el tercero.
De hecho, de acuerdo con cifras aportadas por el Dane, este año sólo el 16,7% de la población, ha logrado tener trabajo haciendo uso de su hoja de vida.
Me achaca que en este país, la meritocracia brille por su ausencia. Y más aún, que sin una sólida red de contactos, un periodista nunca pueda experimentar el interior de una sala de redacción, o un set de televisión.

Un Paso bien simpático, el paso del mono ¡Dudoso!

De acuerdo con el Ministerio de Educación, en Colombia se gradúan 4500 profesionales de la comunicación cada año.
A pesar de ello, por ejemplo, si  uno busca  la palabra “periodista” en el portal computrabajo.com, y elige obtener los resultados de vacantes en todo el país, publicadas durante los últimos 31 días, sólo encuentra 17.
Por otra parte, para las instituciones educativas,  el negocio es bien redondo. Hoy día, en la Universidad del Norte, de donde soy egresado, cobran $ 4.507.400 por un semestre de Comunicación Social y Periodismo; tres millones de pesos menos que en la Pontificia Universidad Javeriana, en dónde está en  $7.188.000.
¿Será que se animarían a hacer un filtro, y seleccionar a sus estudiantes sólo por vocación?

Por la plata todos bailamos, como monos

Ahora bien, seamos sinceros. Nadie vive de amor a su carrera, sino de la plata que da ejercer el oficio.
La calculadora de salarios por profesión, que ofrece el portal Finanzaspersonales.com.co, cuya fuente es el Observatorio Nacional para la Educación, me indica lo que yo debería ganar en promedio.
Veamos:
Ahora, si hubiese terminado mi carrera en la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá, la cosa sería así:
No obstante, si quizá hubiera decidido estudiar en Medellín, me encontraría a punto de suicidarme, mientras mis compañeras de universidad estarían de vacaciones en un crucero por el caribe.

Un país idílico

Pero es mi destino ¿Cierto? Yo elegí estudiar la carrera del futuro, movido por la pasión, el placer que me produce contar historias, y sobre todo, el apoyo que sentí del Gobierno, junto con mi institución educativa, quienes me garantizaron “un sin número de oportunidades a mi alcance”.
Sí, afortunadamente, nací en un país cuyo sistema está fundado en la recíproca confianza entre el estado y los ciudadanos, en dónde se disfruta un clima de seguridad, sin trampas fiscales, ni zancadillas de los colegas de la oficina, sin hurtos en las calles, asesinatos en los parques, ni pisoteo diario de los derechos humanos fundamentales.
En mi país, los dirigentes se esfuerzan muchísimo para redactar hermosos discursos, que luego no los olvidan al día siguiente. No, de ninguna manera. Aquí en Colombia nos caracterizamos por tener políticas reformistas, que favorecen la participación ciudadana, la protección de nuestro entorno, y la inclusión de minorías sociales.
Esa es la utopía constitucional colombiana. Y así las cosas, en mi querida Colombia, el riesgo es que decidas quedarte.

El baile del mono periodista

Lo peor de toda esta situación – que me despeina – es que las empresas no notan que los periodistas, somos los que contribuimos a que las personas hagan lo más importante en sus vidas: Tomar decisiones.
Yo no quiero terminar siendo un simio danzante, que desquebraja su rol de constructor social, por estar bajo las faldas ideológicas de una organización. Y apoyo la creación de empresa, pero también entiendo a quienes sueñan con ejercer su profesión sin tocar el plano administrativo. Y anhelan hacer lo que les apasiona, recibiendo a cambio lo suficiente para vivir.
Mientras tanto, mis queridos colegas,  el panorama es poco alentador: El  mercado laboral, y la educación superior, siguen en proceso de divorcio, y  estoy seguro de que su problema, es la falta de comunicación.
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