Ernest Hemingway no iba a La Bodeguita

Frase de Hemingway. Todo fue mentira.

Fernando G. Campoamor fue el verdadero autor de la frase, que luego el bar La Bodeguita del Medio usaría como slogan publicitario, supuestamente firmada por Ernest Hemingway: “Mi daiquirí en El Floridita y mi Mojito en La Bodeguita”. ¿No estaba escrito a mano y firmado por él? ¿Participó entonces en la estafa?  El dueño del local, quien sí conoció a Hemingway, afirma que se reunió con él varias veces pero no en la Bodeguita. ¿Y ahora qué hacemos con tantas fotos en Flickr de turistas emborrachándose donde lo hizo papá Hem? No pasa nada. Incluso ahora el local tiene un valor agregado: es el local donde dicen que Hemingway fue, pero nunca fue. ¿Puede haber algo más cubano que eso?

Dice la nota:

Durante años se ha asegurado que el escritor norteamericano alternaba sus visitas a la lujosa barra del restaurante El Floridita -donde bebía daiquiríes dobles sin azúcar- con el caluroso salón de La Casa Martínez, el nombre original de La Bodeguita, en Empedrado 207, en el casco histórico de La Habana.

“No, no, Hemingway nunca fue cliente de la Bodeguita, puedes estar seguro de eso”, me dijo una vez, allá por los años 80, Angel Martínez, antiguo propietario y fundador de la Bodeguita del Medio.

Conversábamos en la sala de su pequeño apartamento. Estaba sentado en su sillón preferido, y de fondo tenía el enorme retrato al óleo que le hizo su amigo el pintor cubano Víctor Manuel. Martínez y su esposa Armenia sonrieron cuando le pregunté si era cierto que el autor de Fiesta frecuentaba La Bodeguita.

“Estuvo una sola vez, eso de que venía por aquí es algo inventado, para promoción”, me dijo haciendo un gesto de despreocupación con la mano, como restándole importancia a la historia.

Martínez, quien recuerda a Hemingway como alguien de un carácter difícil, me contó que su relación con el escritor se había limitado a una ocasión en que Errol Flynn lo visitó en su casa de Finca Vigía, en San Francisco de Paula, en las afueras de La Habana.

“Hemingway vino a verme para que le ayudara a conseguir una marca de whisky que le gustaba mucho a Errol Flyn, y que yo importaba desde Estados Unidos. Luego le hice una visita de cortesía, después nos vimos a lo mejor un par de veces más, pero no, no iba La Bodeguita”.

(…)

A Hemingway lo imaginan aventurero, corpulento, y de barba canosa, tal como se le ve en las fotos que le tomaron a principios de los años 50: en bermudas, camisas Aberchrombie a cuadros, y con una desteñida gorra de pelotero. Se sentaba a beber mojitos cerca de las mamparas de La Bodeguita del Medio que daban a la calle, mientras contaba sus aventuras. Desde allí disfrutaba la brisa de la bahía, que en las tardes se escurría por las bocacalles de la Plaza de la Catedral habanera, hacia el suroeste de la ciudad.

Nada más idílico, y aunque muy lejos de la verdad, más o menos así es la pintoresca historia que cuentan los guías de turismo y los folletos publicitarios en La Habana, a todo el turista que llegue con el buen ánimo de escucharla. La historia ha ido tan lejos que en la distante Kuala Lumpur existe un bar llamado Hemingway´s Mojitos.

En su libro Hemingway en Cuba, el escritor cubano Norberto Fuentes explica que el creador de la frase que lo sitúa como cliente de La Bodeguita fue el periodista Fernando G. Campoamor, otro de los que luego negó varias veces que Hemingway visitara el lugar.

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