Caída de 18% y sigue cayendo

Subidas y bajadas en la industria editorial

18% es lo que se estima la caída del mundo editorial en España durante la crisis. “Sigue la hemorragia del libro” de Winston Manrique en el diario El País. Para este año se prevé una caida de 10% Peligran empresas pequeñas, medianas e incluso las más grandes. El Libro de Bolsillo, antes la salvación, ahora se enmohece en los estantes. José Ignacio Wert, ministro español de Educación, Cultura y Deporte, ha sido muy enfático al declarar que: “La industria editorial debe basar su desarrollo en el mundo digital”. ¿Tiene otro modo el libro de alcanzar un repunte? Además de la crisis, vivimos en un momento de transición y el mundo digital es la respuesta, aunque para eso tengamos que cambiar de manera de pensar. Algunos países, como Francia, han tomado medidas rebajando el IVA al libro electrónico para fomentarlo, aunque eso no ha caído muy bien a la Comisión Europea reunida en Bruselas. El otro lado de la medalla es España, donde el IVA del ebook es del 18%, mientras que los libros en papel gozan del tipo superreducido (el 4%).

Juan Cruz dedica su columna de hoy en “Mira que te lo tengo dicho” a las cifras escalofriantes. Al parecer, escribe Cruz, estamos ante una novela policial donde no hay culpables pero sí un muerto.

Dice:

Ahora se publican nuevas cifras preocupantes sobre el oficio de publicar. En 1996, en Francfort, se dio por concluida la vida del libro según Gutenberg. Y el libro ha seguido cumpliendo su tarea de termita inversa, de lugar común en el que confluyen unas ideas y sus contrarias, unas fábulas y otros sueños.

Es una historia que ahora alcanza su estado de abismo porque la evidencia de que se está poniendo en su sitio la competencia de Internet en sus diversas modalidades. Y, claro, la gente del oficio se preocupa, como si a cada hora se le estuviera radiando su desaparición posible y en algunos casos inmediata.

Ahora empezará, otra vez, a mirarse de reojo al editor, como si éste fuera un habitante obsoleto del universo de los libros. Y a mi me parece, como decía Mark Twain (y como dijo Octavio Paz), que la noticia de la muerte del libro tal como lo concibieron Gutenberg y Carlos Barral, por citar a un editor más moderno, es altamente prematura.

Lo que está ocurriendo, a mi modesto parecer, es un reacomodo a la espera de que se asienten las aguas de las nuevas invenciones. Es probable, sumamente probable, que el libro electrónico alcance cotas altas de aceptación por parte del público, y que en el camino acabe, por su pujanza, con algunas editoriales e, incluso, con algunos autores, además de libreros y editores.

Eso ocurre cada vez que se produce un terremoto industrial, pero aceptar que este camino que se ha iniciado al menos en 1996 es un adiós sin remedio a Gutenberg es demasiado aventurado. Los libros electrónicos y los libros tradicionales van a coexistir, y van a estar, además, marcados cada vez por una exigencia mayor de los editores, y los lectores (me atrevo a decir) serán igualmente exigentes con un formato y con otro.

Ojalá haya más lectores, de uno u otro sistema, ojalá; eso no depende del sistema, sino del sistema político, del respeto por la letra impresa (la letra legible) que en los últimos decenios está siendo arrinconada a favor de otros espectáculos. En un país como el nuestro donde las bibliotecas públicas viven en el peor de los mundos, dejadas de la mano de las administraciones, desprovistas de fondos para comprar los libros nuevos, con el consiguiente perjuicio para TODOS los editores, lamentarse por el fracaso del libro de papel huele a enorme hipocresía social, cultural, política.

Porque si el libro sucumbe no será porque es de papel o de piedra, sino porque no se le presta en ningún ámbito, en ninguno, la atención debida. El editor está acostumbrado a ser el culpable de esta trama, hasta el punto de que los editores reclaman como himno esa canción que dice “Si no trabajo me matan, y si trabajo me matan, siempre me matan…” Y en algún momento el editor determinado asumirá la culpa de las estadísticas. Pero el editor no es el culpable. Porque además aquí no hay culpables, aunque desde la óptica social ya haya, ay, un muerto.

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Una respuesta a “Caída de 18% y sigue cayendo

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