Archivo mensual: julio 2012

Una snack-libro en Pekín

Máquinas expendedoras de libros en Pekín

Ahora en Pekín uno puede usar su dinero no solo para conseguir una botella de Coca-Cola, o un chocolate, sino también un libro. Han instalado más de cincuenta máquinas expendedoras de librospero, ojo, que los libros no se compran, solo se alquilan (y luego, cuando devuelves los libros, te devuelven la plata). Aún así, si los chinos son tan malos devolviendo libros como mis amigos, estas máquinas serán un fracaso. Por el momento, el modelo es un éxito y esperan duplicar las máquinas.

Dice la nota en el ABC:

Su esquema, por lo demás, es similar al de una típica máquina de refrescos: tras un cristal hay un escaparate en el que cada libro está marcado con un número (hay unos 300 en cada máquina), y tras introducir dinero, con un teclado se puede ordenar que el volumen sea llevado a una ranura por la que el interesado puede llevárselo.

Para hacer uso de estas máquinas, los pequineses han de mostrar a un escáner su documento nacional de identidad, e introducir 100 yuanes (unos 14 dólares, o 12 euros), que les serán devueltos cuando retornen los libros (bien a una de estas máquinas, bien a las bibliotecas municipales).

Se pueden sacar hasta cinco libros cada vez, que han de ser devueltos en el plazo de cuatro semanas, y el interesado ha de tener también un código que se consigue en las bibliotecas municipales, tras hacerse socio. «Me parece una muy buena idea, yo vengo cada semana y saco unos cuantos libros», señala uno de los usuarios, Zhang Lang, hombre de mediana edad que saca un volumen de la máquina para mostrar su funcionamiento.

La prensa oficial china asegura que este tipo de aparatos se han hecho muy populares entre los lectores de Pekín, y así en el barrio de Chaoyang, en el que están la mayoría de ellas, uno de cada tres volúmenes prestados por la biblioteca municipal es a través de estas máquinas.

Por ello, se espera en los próximos meses doblar a un centenar el número de expendedoras, incluyendo zonas céntricas y turísticas de la capital. Una particularidad de estas máquinas es que mediante cámaras puede detectar si está dañada o se está quedando sin libros para prestar, en cuyo caso avisará a los encargados de mantenimiento para que resuelvan el problema.

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Una invitación: Hoy, a las 8 p.m., en la sala Ciro Alegría de la FIL LIMA 2012, se presentan los tres tomos compilatorios de la Colección Underwood, uno de los proyectos editoriales más queridos en los que he estado inmerso. Muchos rostros, mucho trabajo y muchas pequeñas satisfacciones están resumidos en estos libros, así que sería genial que estén presentes.

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París nublado y Saer hace quince años

Juan José Saer

24 de Febrero de 1997 en un París frío y nublado. Una mujer buscaba desesperadamente al escritor argentino Juan José Saer para hacerle una entrevista. El escritor tenía 60 años y muchas ganas de escribir. Norma Domínguez al fin logró la entrevista y la publica en Revista Ñ quince años después.  Saer iba a publicar un nuevo libro, que entonces no tenía título y luego se llamaría Las nubes.

Dice la nota:

-Me dijeron que está por publicar un nuevo libro…

-Sí. Estoy terminando una novela que se va a publicar en septiembre, en Seix Barral, y al mismo tiempo estoy preparando un libro de ensayos, algunos publicados y otros inéditos. Los más recientes fueron publicados porque son pedidos que me han hecho, colaboraciones, pero en conjunto nunca habían sido publicados, salvo un pequeño volumen llamado Para una literatura sin atributos. Pero éste va a ser mucho más grande: va a contener todos los ensayos, papeles que estaban en los cajones, escritos en los años ‘60, ‘70 y ‘80. Todos los que sean más o menos recuperables y potables.

(…)

París nublado el día de la entrevista con Juan José Saer

-¿De qué se trata la nueva novela?
-Bueno, la verdad es que la anécdota de mis libros no me gusta mucho contarla, pero no porque haya ningún secreto ni ninguna superstición, sino porque en general en mis libros la anécdota siempre es un poco secundaria. Y a veces ni siquiera hay anécdota…  Pero en este caso hay un poco más. (Estaba hablando de Las nubes, aunque supe el título recién cuando apareció en las librerías porteñas porque aún no lo anunciaba)

-¿Más? ¿Más suspenso, más litoral, más policial…?
-Es un relato que transcurre en 1804, pero escrito muchos años más tarde por un médico psiquiatra que tenía una clínica con otro médico en las afueras de Buenos Aires, y que viene hacia una ciudad del norte (al norte del Río Paraná), a buscar cuatro o cinco enfermos mentales para traerlos a la clínica. Entonces hace todo el viaje desde esta ciudad con los locos. Y también hay algunos soldados, dos o tres prostitutas que siempre siguen a los soldados, una monja con delirios místicos sexuales. Es una especie de western en realidad. No había abordado todavía el género.

(…)

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El verano lector de Andrés Barba

Leer en verano

Mientras que Antonio Muñoz Molina recomienda leer Casa desolada de Charles Dickens durante el verano, Matilde Asensi piensa degustar (¿esa es la palabra?) el bestseller Canción de hielo y fuego de G. R. R. Martin. “El Cultural” ha preguntado a cuatro escritores españoles qué recomiendan leer en esta temporada de vacaciones y, cómo ven, los gustos son bastante diversos. Entre las recomendaciones, me gustó especialmente la de Andrés Barba, para quien la crisis que atraviesa España, dice, debe hacer a los lectores más selectivos. Además, recuerda el verano en que leyó El oficio de vivir de Césare Pavese.

Esto dice Barba:

Sospecha de que las campañas de fomento de la lectura son necesarias sólo para aquellos que no están verdaderamente convencidos de su poder, que, de hecho, las diseñan “los que no leen”. Andrés Barba (Madrid, 1975), crítico de libros de viajes en estas páginas y uno de los nuevos y más prometedores escritores españoles, elegido en la última lista de Granta, marcha de vacaciones tras publicar su última novela, Ha dejado de llover (Anagrama, 2012) sin ceder a la tentación del pesimismo. Ha notado la crisis, “en las ventas, en los anticipos” pero no quiere participar en ese malditismo retroalimentado que se ha instalado en el mundo del libro y que, a la postre, podría ofrecer positivos resultados: “Creo que las crisis tienen siempre un agradable lado “purificador” y que era insostenible el volumen que se producía en España. Tal vez de ahora en adelante eso nos ayude a ser más selectivos, tanto en lo que leemos como en lo que editamos”.

La maleta lectora de Andrés Barba responde a un patrón a priori contradictorio. A un lado libros de viajes “comprimidos, cortos, intensos”. Al otro novelas “larguísimas, oceánicas”. Las lecturas postergadas por su tamaño encuentran así su momento junto a joyitas reservadas para ser devoradas sin interrupciones. Y los clásicos conviven con los contemporáneos sin estridencias. De entre los primeros recomienda la lectura de El viaje sentimental, de Sterne. Mucho más reciente, llama la atención sobre Los mares del Wang, de Gabi Martínez.

Andrés Barba no quiere olvidarse de recomendar dos novedades que devora en estos momentos: The marriage plot de Jeffrey Eugenides, que publicará Anagrama el año próximo, y las Cartas de verano de 1926 de Tsvietaieva, Rilke y Pasternak (Minúscula, 2012), reseñado en estas mismas páginas. “Pero mi lectura veraniega más intensa fue El oficio de vivir de Pavese, que cayó en mis manos cuando tenía sólo 20 años. ¿Y si uno de los elegidos decepciona?

“Se me cae de las manos en el acto. Si es verano, generalmente cae al mar”.

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Ernest Hemingway no iba a La Bodeguita

Frase de Hemingway. Todo fue mentira.

Fernando G. Campoamor fue el verdadero autor de la frase, que luego el bar La Bodeguita del Medio usaría como slogan publicitario, supuestamente firmada por Ernest Hemingway: “Mi daiquirí en El Floridita y mi Mojito en La Bodeguita”. ¿No estaba escrito a mano y firmado por él? ¿Participó entonces en la estafa?  El dueño del local, quien sí conoció a Hemingway, afirma que se reunió con él varias veces pero no en la Bodeguita. ¿Y ahora qué hacemos con tantas fotos en Flickr de turistas emborrachándose donde lo hizo papá Hem? No pasa nada. Incluso ahora el local tiene un valor agregado: es el local donde dicen que Hemingway fue, pero nunca fue. ¿Puede haber algo más cubano que eso?

Dice la nota:

Durante años se ha asegurado que el escritor norteamericano alternaba sus visitas a la lujosa barra del restaurante El Floridita -donde bebía daiquiríes dobles sin azúcar- con el caluroso salón de La Casa Martínez, el nombre original de La Bodeguita, en Empedrado 207, en el casco histórico de La Habana.

“No, no, Hemingway nunca fue cliente de la Bodeguita, puedes estar seguro de eso”, me dijo una vez, allá por los años 80, Angel Martínez, antiguo propietario y fundador de la Bodeguita del Medio.

Conversábamos en la sala de su pequeño apartamento. Estaba sentado en su sillón preferido, y de fondo tenía el enorme retrato al óleo que le hizo su amigo el pintor cubano Víctor Manuel. Martínez y su esposa Armenia sonrieron cuando le pregunté si era cierto que el autor de Fiesta frecuentaba La Bodeguita.

“Estuvo una sola vez, eso de que venía por aquí es algo inventado, para promoción”, me dijo haciendo un gesto de despreocupación con la mano, como restándole importancia a la historia.

Martínez, quien recuerda a Hemingway como alguien de un carácter difícil, me contó que su relación con el escritor se había limitado a una ocasión en que Errol Flynn lo visitó en su casa de Finca Vigía, en San Francisco de Paula, en las afueras de La Habana.

“Hemingway vino a verme para que le ayudara a conseguir una marca de whisky que le gustaba mucho a Errol Flyn, y que yo importaba desde Estados Unidos. Luego le hice una visita de cortesía, después nos vimos a lo mejor un par de veces más, pero no, no iba La Bodeguita”.

(…)

A Hemingway lo imaginan aventurero, corpulento, y de barba canosa, tal como se le ve en las fotos que le tomaron a principios de los años 50: en bermudas, camisas Aberchrombie a cuadros, y con una desteñida gorra de pelotero. Se sentaba a beber mojitos cerca de las mamparas de La Bodeguita del Medio que daban a la calle, mientras contaba sus aventuras. Desde allí disfrutaba la brisa de la bahía, que en las tardes se escurría por las bocacalles de la Plaza de la Catedral habanera, hacia el suroeste de la ciudad.

Nada más idílico, y aunque muy lejos de la verdad, más o menos así es la pintoresca historia que cuentan los guías de turismo y los folletos publicitarios en La Habana, a todo el turista que llegue con el buen ánimo de escucharla. La historia ha ido tan lejos que en la distante Kuala Lumpur existe un bar llamado Hemingway´s Mojitos.

En su libro Hemingway en Cuba, el escritor cubano Norberto Fuentes explica que el creador de la frase que lo sitúa como cliente de La Bodeguita fue el periodista Fernando G. Campoamor, otro de los que luego negó varias veces que Hemingway visitara el lugar.

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diseño social vs diseño industrial

Muchos productos que vemos en el mercado no sólo tienen una función práctica sino también un valor agregado, que normalmente atribuye el marketing utilizado por la marca.

La gran mayoría de estos artículos responden al modelo de consumo capitalista, constante generador y abastecedor de necesidades de consumo. El principal fin de la producción de objetos es hacer crecer el capital de la industria y las marcas sobre todas las cosas, sin importar si se atenta contra el medio ambiente, si se explota a los trabajadores, si se desplaza a pequeños productores y a la economía local, y sin importar, incluso, la calidad de los mismos productos. No lo tienen en cuenta los productores pero tampoco, y en esto tenemos gran parte de la culpa, lo tenemos en cuenta los compradores.

Víctor Papanek ya planteó en 1971 en su libro Diseñar para un mundo real: “hay profesiones que son más dañinas que el diseño industrial, pero muy pocas”

 

 

El diseño industrial es una herramienta muy poderosa que puede ser exclava de las grandes empresas y crear necesidades en el público consumidor, también puede resolver problemáticas dentro de un contexto social. A esto último se le llama diseño social, y su principal objetivo, a diferencia del diseño mercantil, es contribuir a hacer un mundo mejor para todos.

Mientras los derechos humanos siguen en un segundo plano, y gracias al apoyo de muchos líderes políticos y la buena labor de muchas asociaciones en defensa del medio ambiente, la sostenibilidad está de moda. Sin embargo, la industria sigue más interesada en vender productos “sostenibles” que en crear realmente productos “sostenibles”. Esto nos ha llevado a que ahora podemos comprar casi cualquier producto de materiales reciclados sin importar si en el proceso de reciclado se invierte más energía que si se hiciera de nuevo. Como este ejemplo hay muchísimos, pero desde EN+ queremos centrarnos en aquellos diseños que sí tienen un interés social o ambiental y que están generando un cambio en la vida de personas que lo necesitan.

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Información ampliada para alumnos del curso:
0901 COMUNICACIÓN Y DISEÑO SOCIAL
4.1 DISEÑO SOCIAL APLICADO AL DISEÑO INDUSTRIAL

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Después de años de ver cómo los mercados iban imponiendo una esclavitud cada vez más ferrea al diseño, el valor social que puede tener esta disciplina ha vuelto a suscitar el interés de profesionales y teóricos.

“El diseño gráfico intenta que las personas compren cosas que no necesitan con dinero que no tienen para impresionar a gente a las que no le importan”. Victor Papanek en el ensayo Edugrafología (1975).

El debate ha pasado de ser una cuestión de identidad a una cuestión de responsabilidad en un momento en que el diseñador se ve acorralado por una corriente hegemónica que le obliga a elegir entre sumisión, rebeldía o autonomía.

 

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